PARQUE NATURAL DE DOÑANA
 
 

El interés por la flora de Doñana nace prácticamente con la creación del propio Parque, no se hallan antecedentes de un interés marcado por sus especies vegetales anteriores al siglo XX, un hecho poco frecuente en otros parques andaluces, y quizá eclipsado por la singularidad de su fauna. No obstante, la atención a sus especies tanto de flora como de fauna adquiere un protagonismo notorio dentro del conjunto de Parques andaluces.
 
Aunque bien es cierto que la presencia de dunas móviles ha podido hacer temer por el equilibrio de los ecosistemas, la intervención del hombre no ha sido significativa y en modo alguno comparable con las realizadas por ejemplo en el Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate. Generalmente la incidencia del ser humano sobre la flora se ha producido con el fin de proteger a las especies autóctonas. 

La abundante presencia de pino piñonero se debe en parte a repoblaciones, aunque estas fueron producidas en el siglo XVIII y no a mediados del XX por lo que puede considerarse ya como especie propia del ecosistema. La sabina costera (Juniperus phoenicea), muy abundante, ha compartido con el pino piñonero la función de estabilizador de arenas. Sin embargo, otro grupo que desempeña este mismo papel entre el que destaca el eucalipto o la acacia han tenido que ser retirados por el hombre por el daño que supone hacia otras especies propias del Parque.
 
Dentro de las especies altamente frecuentes y definitorias del coto hay que señalar al acebuche (Olea europea) cuyo fruto es el alimento de multitud de especies avícolas, algunos ejemplares milenarios situados al oeste del Parque han sido declarados Monumentos Naturales de Andalucía. Igualmente valioso por sus frutos es el alcornoque (Quercus suber) presente en el coto pero sobre todo en la vera, sin embargo, su población ha ido disminuyendo y hoy se estudian estrategias para aumentar la presencia de esta especie, ya que las aves y el gran número de jabalíes del Parque consumen la bellota e impiden la germinación de la misma. Otras especies arbustivas y arbóreas dominantes en Doñana son el almajo (Arthrocnemum macrostachyum), el brezo (Erica scoparia) en el monte negro, la castañuela (Scirpus maritimus), el fresno (Fraxinus angustifolia), el jaguarzo (Halimium halimifolium) o el romero macho (cistus libanotis).
 
El arraclán (Frangula alnus subsp. baetica), por el contrario, adquiere importancia por ser una de las especies endémicas, localizadas únicamente en Andalucía occidental. Este árbol de hasta cinco metros de altura, reside principalmente en zonas húmedas al oeste del parque aunque también es posible localizarlo en la provincia de Cádiz. El enebro costero, por su parte,  ofrece singularidades propias de la zona, especialmente por su sorprendente grado de adaptación a medios hostiles para esta especie y por presentar un fruto ligeramente mayor en tamaño.
 
En las dunas destaca por su nota de color en primavera la clavellina, otra de las especies que presenta un elevado número de subespecies endémicas. Se sitúan en zonas de dunas móviles y raramente llega a los corrales. Cádiz y Huelva presentan el mayor número de ejemplares en España. Igualmente, y mucho más frecuente en las dunas, especialmente conforme nos acercamos al mar, es el Barrón (Ammophila arenaria), una planta de la familia de las poaceae que puede alcanzar el metro de altura y ofrece un aspecto parecido al esparto. De cualquier modo, las dunas móviles de Doñana, pese a la pobreza del terreno, no se limita a un conjunto reducido de especies, sino que desprende un conjunto vegetal bastante variado.
 
Finalmente, las marismas se caracterizan por una vegetación muy cambiante durante el año, en función de las estaciones y de los niveles de salinidad del suelo. En las zonas más húmedas abundan especies como la Callitriche t

       
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