PARQUE NATURAL DEL ESTRECHO
 
 

Dada la enorme variedad de condiciones climáticas existentes en el Parque, las variaciones de altitud o la incidencia de dos mares de diferente naturaleza, la vegetación del Parque se presenta de forma muy variada pero divida en pequeños ecosistemas diferenciados. De este modo, a los abundantes pastizales destinados al ganado y las repoblaciones a base de pinos y eucaliptos, que dan una cierta unidad al entorno, hay que añadir las también extensas concentraciones de especies clasificadas como de monte bajo mediterráneo, tales como el brezo, el erguen, el lentisco o el palmito. El desarrollo de estas especies se hace especialmente característico en la zona norte del área occidental, en las Sierras de La Plata y de San Bartolomé, en las que también suele ser frecuente la presencia del acebuche.

El entorno de Bolonia, por ejemplo, presenta especies especialmente circunscritas a esta parte geográfica y adaptadas a los suelos arenosos que dan forma a sus peculiares dunas como el barrón (Ammophyla arenaria) o algunas variedades de rodales, además del Lotus creticus y del tártago marino (Euphorbia paralias).

En las zonas de acantilados, más próximas al municipio de Tarifa es frecuente el Asteriscus maritimus, la Calendula suffruticosa y el hinojo marino y, entre las variedades arbóreas es frecuente encontrarse con sabinas y un tipo de enebro costero que figuran ambas en el catálogo de especies amenazadas.

No obstante, la flora de este Parque adquiere un particular interés por dos aspectos fundamentalmente, en primer lugar, y como en el resto de ecosistemas, por la presencia de endemismos o especies que sólo crecen en esa área. Entre los correspondientes a este Parque figuran una variedad de margarita (Bellis rotundifolia), la Chamaespertium tridentatum, el Cytisus tribracteolatus, una subespecie de avellanillo (Frangula alnus subsp baetica), la Genista triacanthos o la aulaga (Ulex borgiae). En segundo lugar por los puntos en común con la vegetación presente al otro lado del Estrecho, en el norte de África. El hecho de que en el plioceno los 14 kilómetros de mar que nos separa estuvieran cubiertos de tierra y, en mayor medida, las migraciones de seres humanos y especies animales dan como consecuencia la presencia de especies comunes en ambas orillas. Esto es apreciable por ejemplo a través de la amplia variedad de helechos o en el muérdago rojo.

Finalmente, y dado que la mitad de la extensión del parque pertenece al mar, merece una ligera atención la flora marina de cuya protección es también responsable el Parque y de la cual depende el hábitat de los peces del Estrecho. Precisamente una de las especies más extensas de nuestro fondo marino, fanerógama marina (Cymodoceion nodosae), es la responsable de gran parte del alimento de nuestra fauna, y se hace especialmente abundante frente a las costas de Bolonia. De igual modo, destacan concentraciones de alga roja calcárea conocida como fondos de Maërl.