PARQUE NATURAL DEL ESTRECHO
 
 

El hecho de que hasta el 4 de marzo de 2003 el Parque Natural del Estrecho no fuera declarado y nombrado como tal por el Decreto 57/2003, no debe atribuirse en ningún caso a un menor valor o interés de su ecosistema con respecto a otros Parques de la región. Por el contrario, el ser humano ha reparado en la enorme importancia de este enclave desde tiempos muy remotos y dos factores, principalmente, son determinantes para avalar este juicio: uno de carácter histórico y otro científico.
 
Efectivamente, en las cuevas del Peñón de Gibraltar es posible hallar los últimos rastros del hombre de neandertal sobre la tierra, lo que unido a las casi cuarenta cuevas con muestras de arte rupestre y restos del paleolítico inferior, medio y superior suponen una de las mayores concentraciones de restos humanos prehistóricos, y la prueba de que el Estrecho fue la puerta de entrada del hombre en el continente Europeo. 

Baelo Claudia, ciudad conservada del Imperio Romano, es el ejemplo de la importancia que esta cultura dio a este emplazamiento, lo que sumado al interés de los árabes por conservar estas tierras y el notable esfuerzo defensivo posterior que se realiza contra turcos y berberiscos en el siglo XVII con la construcción de las características torres almenaras que se extienden por el litoral, constituyen la prueba de su valor. Una actividad en el pasado que subraya la importancia de esta costa y cuyos restos añaden en la actualidad un atractivo interés histórico y cultural a la visita.
 
Bajo la perspectiva científica y de su naturaleza biológica, desde que L. Howard L. Irby en 1868 irrumpiera con el primer estudio serio sobre las aves del Estrecho, se han sucedido una ingente cantidad de publicaciones sobre esta materia que han llevado no sólo a que las especies avícolas estén estudiadas de forma notable, sino a convertir estos estudios de la zona del Estrecho en un referente historiográfico de la ornitología como disciplina. Este interés está plenamente justificado, ya que al año 300 millones de aves migratorias utilizan el Estrecho como vía de paso.
 
La iniciativa de crear el Parque Natural surge por una necesidad reciente de protección del entorno, motivada por el aumento indiscriminado de la pesca desde los años setenta del siglo XX, por la proliferación en poco tiempo de construcciones civiles tras la desmilitarización parcial de la zona y por el significativo desarrollo del turismo, atraído precisamente por las condiciones naturales y climáticas del Parque. De hecho, en 2008 recibió la Carta Europea de Turismo Sostenible, un compromiso que obliga a los responsables de esta zona a desarrollar la industria turística de forma respetuosa con el medio ambiente durante los siguientes cuatro años.
 
En lo referente a su constitución, el Parque comprende un total de 19.126 hectáreas de las cuales casi la mitad son marítimas, esto es una milla de mar. El conjunto queda dividido en dos zonas diferenciadas: el área atlántica que abarca a las sierras de Betis, de San Bartolomé y de la Plata así como la línea marítima desde el Cabo de Gracia hasta la isla de Las Palomas en Tarifa y el territorio entre la carretera N340 y el litoral; y el área mediterránea, con análoga proporción geográfica tierra-mar pero que se extiende desde la zona conocida como Punta de San García hasta Punta Chamorro. Queda en consecuencia el municipio de Tarifa como punto delimitador entre ambas zonas. Esta división no se debe a una mera convención arbitraria y geográfica, sino que está generada por causas biológicas que conllevan notables diferencias en el ecosistema. 

Así, la zona oriental, más dañada que la occidental, resulta más abrupta por su proximidad con las sierras del Cabrito y del Bujeo, sólo cuenta con dos playas: Cala Arena y Getares, que además no resultan cómodas para el turismo. Por el con