PARQUE NATURAL DE LA BREÑA
 
 

Si bien en la flora del Parque ha existido una profunda intervención del hombre, como comentamos en la sección correspondiente, la huella de éste no se ha dejado notar sobre la fauna, ya que las actividades de caza han estado habitualmente controladas y no ha habido necesidad de repoblaciones por ningún otro motivo. Tal es la importancia de la fauna del Parque, que determinadas zonas áridas de las marismas se han incluido únicamente dentro de los límites del Parque por haber sido elegidas por algunas especies protegidas para anidar u obtener alimento.
 
En líneas generales, la población animal de este entorno no destaca por tener a un tipo de especies que sobresalga por el tamaño de su población o por haber recibido mayor atención por la comunidad científica, como puede ocurrir con las aves en el Parque Natural del Estrecho, o por un alto número de endemismo, como en el caso del Parque Natural del Sierra de Grazalema.

No obstante, en este sentido, las Breñas y Marismas del Barbate desempeña un papel muy importante para las especies migratorias que utilizan el Estrecho como vía de paso, ya que, pese a los fuertes vientos de levante de la zona, las condiciones climáticas son mucho menos agrestes que en el Estrecho y ello permite a determinadas especies permanecer al abrigo y recuperarse antes de abordar la travesía hacia África. Tal es el caso del autillo (Otus scops), el alcaudón común (Lanius senator), el cuco (Cuculus canorus) o la curruca (Sylvia melanocephala) que hacen su aparición por el pinar durante los meses primaverales. Por otro lado, en el Parque reside una avifauna que permanece en él de manera sedentaria, como es el caso del cárabo (Strix aluco), el carbonero (Parus major), el herrerillo común (Parus caeruleus), el jilguero (Carduelis carduelis), o el mirlo común (Turdus merula), por citar algunos ejemplos.
 
En realidad, la fauna está marcada por la variedad tipológica de especies más o menos circunscrita a alguno de los cuatro entornos diferenciados que se hallan en el Parque: el acantilado, la marisma, el pinar o el mar. Tan sólo los anfibios escasean de forma importante, ya que únicamente es posible localizar ejemplares de sapos (Bufo bufo), sapo de espuela (Pelobates cultripes) o tritón jaspeado (Triturus marmoratus) en los humedales del Parque. De este modo, el pinar concentra la mayor parte de su fauna en las zonas más densamente pobladas de matorral con especies como la comadreja, el conejo, el erizo europeo, el lirón careto, la musaraña común, el tejón, el topo ciego, o el zorro. 

Asimismo, los reptiles también hallan un lugar preferente en el pinar aunque prefieren las zonas próximas al acantilado. La figura de uno de ellos, el camaleón (Chamaleo chamaleo), ha sido utilizado en varias ocasiones como símbolo del Parque porque, sin tratarse de un endemismo, concentra una de las mayores poblaciones de esta especie que se encuentra en grave peligro de extinción. Además, se localiza en el pinar diversas variedades de culebras como la de agua (Natrix maura), la bastarda (Malpolon monspessulanus) o la de herradura (Coluber hippocrepis); el eslizón tridáctilo (Chalcides chalcides), el lagarto ocelado (Lacerta lepida); la salamanquesa (Tarentola mauritanica) o la víbora (Vipera latasti).
 
El acantilado, por su parte, además de reptiles, ofrece cobijo a numerosas aves y al zorro, depredador de éstas. El charrán (Sterna sandwicensis), la garceta (Egretta garzetta), la garcilla bueyera (Bulbucus ibi) o el vencejo común (Apus apus) son frecuentes en esta parte del ecosistema, sin embargo son especialmente numerosas las gaviotas argénteas (Larus argentatus). 

La marisma nos muestra, por el contrario, un perfil marcadamente más diferente. El principal valor para la fauna está en actuar de vivero de multitud de peces y maricos, muchos de ellos de valor comercial

       
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