PARQUE NATURAL DE LA BREÑA
 
 

A pesar de que el Parque Natural de Breñas y Marismas del Barbate discurre por los términos municipales de dos pueblos: Vejer de la Frontera y, sobre todo, Barbate, no existe ningún asentamiento poblacional dentro de los límites del Parque, a excepción de la aldea rural de San Ambrosio. Se trata de un conjunto de varias casas alrededor de una ermita visigoda del mismo nombre que pertenece al término municipal de Barbate. No obstante, por cercanía y el grado de implicación de la población de los núcleos urbanos de ambos municipios, es necesario mencionarlos aquí.
 
Barbate, localidad que recibe su nombre de un antiguo río y que colinda por el este con el límite del Parque, es un pueblo con poco más de 20.000 habitantes que ha basado su economía tradicionalmente en la pesca, una de las más potentes del país. Aún hoy conserva la práctica de la almadraba, un arte de pesca del atún que se remonta a tiempos anteriores a la conquista romana y que puede considerarse como pesca ecológica, ya que el atún llega vivo al barco y permite devolver al mar a los ejemplares más pequeños y a otras especies sin valor comercial. 

El proceso se logra aprovechando las rutas migratorias de la especie e instalando un laberinto de redes en el mar, de forma que cuando se aproximan los bancos de atunes se procede a la ‘levantá’ de dichas redes y a la lucha con el atún. Este momento constituye todo un espectáculo que no deja indiferente a quien lo contempla. La fama de la almadraba en Barbate, y en consecuencia la calidad de su atún, es tal que se ha convertido en uno de los lugares de preferencia de la industria pesquera japonesa para la importación del atún, puesto que es óptimo para su consumo crudo. No obstante, en los últimos años y dada la crisis del mar, este pueblo pesquero ha podido ir superando las dificultades gracias a un turismo que ha encontrado en este rincón un aislado conjunto de playas donde relajarse.
 
Vejer de la Frontera, a 8 kilómetros por el norte de la Frontera del Parque y a algo más de la línea marítima, contrasta notablemente con Barbate ya que su población ha dado más importancia a la agricultura y la ganadería, sobre todo a las reses bravas tan aplaudidas en el mundo de la tauromaquia. No en vano se encuentra más próximo a las zonas de pastizal y su población ha podido disfrutar durante siglos de las hazas de la suerte, un sistema comunal de posesión de tierras que permite a toda la población disfrutar de una porción de tierra durante un período de 4 años. Esta tradición se remonta al menos al siglo X. 

Demográficamente, el número de habitantes durante la época estival se ha doblado en la última década, aunque su población se viene manteniendo en torno a los 13.000 habitantes. Esta circunstancia ha provocado un notable crecimiento de la superficie urbana en los últimos años. Finalmente, su situación elevada lo convierte en un atractivo lugar desde el que disfrutar de hermosas vistas de la campiña.
 
Ambas localidades, unidas a Medina Sidonia, son los Pueblos Blancos más fieles a la tradición árabe que se conservan al este de la provincia de Cádiz, y han sabido abrirse al visitante sin perder su identidad histórica.

       
ver más fotos