PARQUE NATURAL DE LA BREÑA
 
 

Las tan sólo 5.077 hectáreas que forman este espacio convierten al Parque Natural de Breña y Marismas del Barbate en el de menor extensión de los 22 que actualmente existen en Andalucía, el cual comparte a su vez con el vecino Parque Natural del Estrecho la peculiaridad de ser de los pocos cuya zona protegida cubre tanto áreas de tierra como de mar. En este caso, 3.925 hectáreas son terrestres y 1.152 marítimas. Ambos parques tienen en común, por tanto, una serie de características climáticas que inciden en la tipología de su fauna y flora, como es su exposición a la salinidad del mar y a los fuertes vientos cálidos de levante que, en lo que respecta a Las Breñas, son reconducidos de forma natural por la disposición de los acantilados existentes a lo largo del litoral.
 
Sin embargo, también existen diferencias notables en el paisaje de ambos, ya que, en el caso del Parque que nos atañe, la especie dominante es el pino, presente en grandes extensiones de bosques, principalmente de las variedades de pino carrasco (Pinus Halepensis) pero, en mayor número, pino piñonero (Pinus pinae). En este sentido, la sabina y el enebro costero mantienen una cierta unidad en la vegetación entre ambos parques por el sur, ya que la mitad norte está dominada por dichas variedades de pino. De hecho, los límites del propio pinar son los que sirven asimismo para delimitar la frontera del parque por el norte. Tanto las variedades de pino, como la sabina y el enebro, especies estas dos últimas que suponen una de las concentraciones más importantes de Europa, desempeñan un importante papel como sistema de retención del avance de las dunas por la acción de los vientos de levante.
 
Otra característica diferenciadora fundamental es la antropogénesis del ecosistema, es decir, la acción directa del hombre para dar forma y modificar el medio. A excepción de las zonas costeras, el resto del Parque o zona de interior debe su configuración a un notable proceso de reforestación con las dos especies de pino antes mencionadas. Este proceso se llevó a cabo en la década de los 40 y 50 con ejemplares procedentes de la provincia de Cuenca, los cuales han ido adaptándose a las características agresivas del terreno hasta presentar un desarrollo casi endémico de ambas. 

Resulta relativamente sencillo distinguir las formaciones naturales y el pino costero, mucho menos extensos, de las de pino de interior, ya que, mientras los primeros se hallan mezclados con matorral y otras especies como las mencionadas sabinas y enebros, el pino de interior presenta copas densas con un color verde muy vivo característico de los ejemplares jóvenes y que contrasta con el color oscuro de los otros. Asimismo, los ejemplares en el interior se disponen en grupos de idéntico tamaño por su plantación simultánea, configurando así un bosque muy homogéneo.
 
Otro de los elementos identificativos de este Parque, aunque sólo supongan un 0,5% de su extensión, son sus llamativos acantilados, que llegan a alcanzar una altura de 100 metros. Se pueden apreciar principalmente en la zona conocida como Torre del Tajo y en Los Caños de Meca, y se asienta sobre una plataforma estructural de calcarenita recubierta por un manto de arenas eólicas. Esta circunstancia, unida a los agentes atmosféricos, hacen de ellos unos acantilados vivos en los que pueden darse desprendimientos de bloques. Igualmente, forman parte del Parque las zonas de transición entre el pinar interior y la campiña, comprendidas por extensiones de pastizales y cultivos de secano que dan al paisaje un particular tono amarillento durante el verano.
 
Sin embargo, el elemento que fundamentalemente hace al parque singular son las 2.500 hectáreas que constituyen la marisma del Barbate, formadas por un proceso de colmatación o sedimentación, a su vez originado por el cierre del antiguo estuario del río Bar

       
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