Panteón de los Marinos Ilustres
Cronología:

Aunque su construcción se inició a finales del siglo XVIII, este bello y emblemático edificio, fue parada en varias ocasiones a lo largo del siglo XIX, no dándose por finalizada su obra completamente hasta 1959.

Estilo:

Barroco y neoclásico

Localización:

Situado en el Paseo Capitán Conforto, en la plaza del Hospital de las Anclas, flanqueado por la Escuela de Suboficiales y el Hospital Naval.

Historia:

Este edificio, fue ideado en 1786, como parroquia de uso castrense bajo la advocación de la Inmaculada, dentro del programa constructivo que bajo el reinado de Carlos III se proyectó con la construccion de un nuevo barrio, el de San Carlos, donde se reuniera a la Armada.

Fue primero bajo la dirección del ingeniero Vicente Imperial Digerí, y tres años más tarde el Marqués de Ureña, quienes comenzaron a levantar tan importante construcción, pero en 1805 con motivo de la Batalla de Trafalgar y ante la falta de medios económicos, la obra hubo de pararse y no volvería a ser retomada hasta 1850, ya con el objetivo de formar parte, a modo de capilla, del Colegio Naval contiguo, y al mismo tiempo servir como Panteón de Marinos ilustres y albergar bellos mausoleos, pertenecientes al siglo XIX, con restos de soldados e importantes marinos.

Tras una serie de retrasos en la obras y una gran sucesión de maestros arquitectos, su inauguración oficial –a pesar de no estar concluidas algunas partes del edificio-, tuvo lugar el 2 de mayo de 1870 siendo el primer capellán del Panteón D. Juan de Palma Isola.

Esta construcción se daría por finalizada por completo en 1959, fecha en la que se habilitarían y llevarían a cabo diferentes aspectos del edificio como el cubrimiento de la nave central y cúpula, su altar mayor, el retablo, y algunas de las pinturas e imaginaría de este importante templo. 

Arquitectura:

De plata de cruz latina, se trata de un templo inscripto dentro un rectángulo, que se encuentra precedido de un vestíbulo elíptico, dibujando tres naves separadas por pilares, con cúpula sobre pechinas y rematada por linterna sobre el crucero. 

El altar mayor aparece sobre elevado, y tras él se encuentra una estancia con estanque circular en el centro que a modo de espejo refleja las pinturas murales de la bóveda superior. 

Su portada monumental de estilo neoclásica, recuerda al más puro clasicismo barroco por el juego de resaltes de la fachada y las dos semicolumnas que sostienen el entablamento con frontón generando una verticalidad desproporcionada.