Torre de Castilnovo
Cronología:

Siglo XVI

Estilo:

Está situada en la frontera de la playa de Conil, en un amplio espacio descubierto que le confiere una especial presencia y dominio visual, denominado como el Prado, a unos 2 km de Conil por la parte sur.

Localización:

Está situada en la frontera de la playa de Conil, en un amplio espacio descubierto que le confiere una especial presencia y dominio visual, denominado como el Prado, a unos 2 km de Conil por la parte sur.

Historia:

Conil de la frontera es un núcleo urbano abocado al mar, con una tradicional actividad pesquera y almadrabera. Los primeros asentamientos fenicios explotaron las ricas pesquerías de atunes, cuyas almadrabas eran famosas desde la Antigüedad hasta el punto de grabar la figura de este pez en sus monedas. 

Posteriormente los romanos y visigodos también se instalaron en este puerto, uno de los más importantes de la zona. En el 711 con la llegada de los musulmanes pasó a depender de la vecina Vejer de la Frontera, hasta que Alfonso X el Sabio la conquistó. En 1295, Sancho IV concedió el privilegio de la pesca del atún a Alonso Pérez de Guzmán, en gratitud por su heroico comportamiento en el cerco de Tarifa. 

Con Guzmán el Bueno la villa gozó de prosperidad gracias a la explotación de sus almadrabas. Tras la conquista cristiana, se comenzó a repoblar la zona con vecinos de otras poblaciones cercanas y gentes de Castilla, entrando a formar parte del reino de Sevilla. Desde entonces, Conil quedó bajo el señorío directo de los Duques de Medina Sidonia, hasta su supresión en 1812. 

La arquitectura defensiva marcó el aspecto de la villa, pues Conil contó con un castillo en torno al cual se fue formando el casco urbano durante los siglos XIV y XV, y así en el sistema de Torres Vigía de la costa andaluza que se emprendió a finales del siglo XVI, se levantaron en la costa conileña cuatro de ellas. En conjunto representan un interesante sistema de pequeñas torres individuales de observación situadas en puntos estratégicos de la costa y que entrelazaban su dominio visual y comunicativo, extendiéndose por todo el frente atlántico y mediterráneo. 

Dichas atalayas o torres almenaras -así llamados por las hogueras que se encendían como sistema de comunicación visual- marcan una línea defensiva continua, cuyo valor residía, como decimos, más en el dominio visual del territorio que en el militar, aunque en ocasiones se mezclaran las funciones militares con las económicas. 

De las torres conileñas la de Castilnovo es la más importante. Mandada construir en el siglo XVI por el duque de Medina Sidonia, para descubrir los atunes, pero también para servir como atalaya. Así se mantuvo durante muchos años, con esa doble función de vigilancia y defensiva, hasta que fue parcialmente destruida por el maremoto de Lisboa de 1755, que también afectó y se hizo notar en la provincia de Cádiz.

Arquitectura:

Esta Torre formaba parte de un recinto amurallado o pequeña fortaleza, con Alcaide, que se caracteriza por tener un alto fuste cuadrangular, de unos 15 metros, a cuyos pies estaba situada la Almadraba.
 
Está labrada con piedra ostionera, reforzándose sus cuatro esquinas con sillares. Exteriormente se compone de dos cuerpos de similares dimensiones perforados por mechinales, más un parapeto para la defensa en su terrado o azotea. En la parte que mira al mar hay abiertos en el muro tres vanos, el central de mayor tamaño. 

El acceso a la torre está en el cuerpo inferior y a escasa altura, y una vez en el interior a través de una escalera de sección circular situada en la parte posterior.