Castillo y recinto amurallado de Castellar
Cronología:

Aunque asentada sobre una primitiva fortaleza romana, su origen se remonta al siglo XII cuando bajo dominación musulmana se erige la actual fortaleza, aunque su máxima proyección la alcanzaría bajo el periodo nazarí, allá por el siglo XV cuando adquiere su aspecto actual.

La importancia de su arquitectura y la calidad de su conservación favorecieron que se procediera en 1963 a su declaración como Monumento Histórico – Artístico, y a su declaración como Bien de Interes Cultural en Marzo de 2006.

Estilo:
Arquitectura militar musulmana
Localización:

La villa-fortaleza de Castellar de la Frontera, situada en la comarca del Campo de Gibraltar, en la parte sudeste de la provincia de Cádiz, está construida sobre un áspero montículo, que se eleva entre los ríos Guadarranque y Hozgarganta, al sur de Jimena de la Frontera y al norte de San Roque, a 248 metros sobre el nivel del mar. Su localización en un lugar alto y seguro, ha permitido a distintos pobladores la vigilancia y custodia de sus dominios a lo largo del tiempo.

Historia:

Habitualmente las fortalezas suelen ser origen de los núcleos urbanos que se asientan en torno a ellas. Sin embargo, el caso de Castellar Viejo es más complejo. La fortaleza es la propia ciudad que se despliega en su interior, creando un espacio urbano sugerente de gran riqueza histórico-monumental y cuya visita simula un viaje en el tiempo, dado el grado de conservación que pese a las intervenciones, mantiene.

Se trata de un típico pueblo árabe con casas y jardines dentro de sus murallas, pero en su origen han sido varios son los pueblos que se asentaron sobre este lugar, entre ellos íberos, romanos, visigodos y los propios musulmanes, quienes nos dejaron el notorio ejemplo de fortificación defensiva que construían como consecuencia de las invasiones y luchas contra los cristianos. 

Levantada sobre un antiguo asentamiento romano, los orígenes de la fortaleza datan del siglo XII, cuando tras la llegada de los musulmanes pasa a denominarse al recinto Al-Qasr. Así durante los siglo XIII y XIV se sucederán los intentos de conquista de la fortaleza por los reinos cristianos,  cambiando de manos en varias ocasiones.  

En 1434, el monarca Juan II concedió a Juan de Saavedra la alcaldía de la villa, dándosela más tarde en señorío. Conquistada de nuevo para el reino de Granada no será hasta la caída en 1492 del reino nazarí de Granada, cuando Castellar pase a poder cristiano, de nuevo conquistada por Juan de Saavedra, lo que marca la entrada definitiva de Castellar en la monarquía castellana. 

En 1654 pasaría al ducado de Santistevan y más tarde al de Medinaceli. A principios del siglo XIX y mediante pleito, los Marqueses de Moscoso obtuvieron la posesión de la villa, que volvió a los Duques de Medinaceli en 1852, junto con el término de la Almoraima. 

No obstante, fue entre los siglos XIII -XV cuando se construyó el reducto defensivo tal y como lo conocemos hoy. A partir de esta fecha, algunos de sus elementos arquitectónicos han sufrido transformaciones, e incluso se introdujeron otros nuevos.

Arquitectura:

Constituída la Villa de Castellar en plaza fuerte bajo la dominación musulmana, su original configuración le viene dada por su orografía. La fortaleza, extraordinariamente conservada, se extiende de forma irregular por la colina, conservando buena parte de sus murallas, rematadas por nueve torres defensivas -de flanqueo y de ángulo cuadradas y circulares-, los característicos merlones y una barbacana formada por una doble muralla que dificultaba la aproximación a la ciudad.

El acceso al interior se realiza a través de un camino empedrado que arranca en una de las torres, a través de la puerta de acceso o “Arco de la Villa”, abierta bajo un arco peraltado enmarcado por otro de herradura apuntado, y defendida mediante un buhedera, que no es más que orificio abierto justo en la parte superior desde donde se arrojaba al aceite o agua hirviendo para defender o atacar al enemigo.

Desde el pequeño patio de armas se accede al caserío interior, que conserva su trazado de origen musulmán, con calles estrechas, angosta, tortuosas y en pendiente, y cuyas casas casas blancas se encuentran adornadas con una amplia gama de flores y plantas, una vegetacion que llena de encanto tal insólito rincón. Entre sus edificios destaca el Alcázar o Palacio del Marqués de Moscoso.